LITERATURA
TRADUCCIÓN: LITERATURA
Y LITERALIDAD
OCTAVIO PAZ
Aprender a hablar es aprender a traducir;
cuando el niño pregunta a su madre por el significado de esta o aquella
palabra, lo que realmente pide es que traduzca a su lenguaje el término
desconocido.
La traducción dentro de una lengua no es, en
este sentido, esencialmente distinta a la traducción entre dos lenguas, y la
historia de todos los pueblos repite la experiencia infantil: incluso la tribu
más aislada tiene que enfrentarse, en un momento o en otro, al lenguaje de un
pueblo extraño. El asombro, la cólera, el horror o la divertida perplejidad que
sentimos ante los sonidos de una lengua que ignoramos, no tarda en trasformarse
en una duda sobre la que hablamos.
El lenguaje pierde su universalidad y se revela
como una pluralidad de lenguas, todas ellas extrañas e ininteligibles las unas
para las otras. En el pasado, la traducción disipaba la duda: si no hay una
lengua universal, las lenguas forman una sociedad universal en la que todos,
vencidas ciertas dificultades, se entienden y comprenden. Y se comprenden
porque en lenguas distintas los hombres dicen siempre las mismas cosas. La
universalidad del espíritu era la respuesta a la confusión babélica: hay muchas
lenguas, pero el sentido es uno.
Pascal encontraba en la pluralidad de las
religiones una prueba de la verdad del cristianismo; la traducción respondía
con el ideal de una inteligibilidad universal a la diversidad de las lenguas.
Así, la traducción no sólo era una prueba suplementaria, sino una garantía de
la unidad del espíritu.
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